Tras varias horas de viaje desde Algarve, Portugal, llegamos casi a media noche a Sevilla. Lo primero de todo fue encontrar el Hostal Paco’s que reservamos de camino. Un hostal barato y simple, suficiente para dormir una noche (12,5€ por persona).


Nos dimos una ducha fresquita y bajamos a dar un paseo y a tomar algo en alguna de las terracitas. Había bastante ambiente para ser domingo, así que nos tomamos un Green Night y un Sex on the beach. Ya sabes, para no desentonar con el resto de la gente.

Al día siguiente, después de luchar contra el calor para poder dormir algo y de darnos otra ducha fría, fuimos a desayunar un zumo de naranja y un café con hielos. Y ya, con las pilas cargadas, comenzamos nuestra ruta turística por la ciudad. 


Un paseo por el centro fue suficiente para ver lo bonita que es Sevilla, pero también para llegar a la conclusión de que los del norte no estamos hechos para visitar esta ciudad en pleno agosto con 45ºC. Así que os recomendamos visitar la ciudad en otra época del año. Tal vez febrero o así.


Lo que más me enamoró fue la Plaza España. No podía dejar de mirar hacia todos lados. Es increíble la cantidad de detalles que tiene. ¡Es tan bonito!¡Me encantó!. Además, nos gusto mucho más al sentir el agua que llegaba de la fuente central, era justo lo que necesitábamos para refrescarnos un poco.  
Después nos echamos una pequeña siestecilla a la sombra de Vizcaya y emprendimos camino hacia la siguiente y ante-última parada: Madrid.


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